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Las timbaleras-batukeiras agitan el peso de la tradición en sus timbales

Diferencia entre tararear y llenar la calle de música

Se visten de negro pero no por ser viudas. Se tapan la cara pero no tienen nada que ocultar. Recorren las calles del Casco Viejo de Iruñea a la luz de la noche de verano, el 4 de julio, alumbrando con antorchas y con todo el halo de curiosidad y sorpresa que van provocando a su paso. No huyen, no se esconden, van a cuerpo descubierto lanzando sus consignas, sus versos, sus objetivos. “¡Ante la duda, tú la viuda!”.1

Denuncian las agresiones sexistas, machistas, micromachismos o megamachismos. Las timbaleras sacuden con ritmo y convencimiento las baquetas sobre los tambores que llevan sujetos con anchos cinturones a sus cuerpos, caminando rítmicamente por las calles, abriendo la manifestación. Cientos de mujeres y algunos hombres caminan tras ellas, bailan, gritan, reivindican, denuncian.2

Que la música y las baquetas no paren de agitar y molestar las costumbres y “lo que siempre se ha hecho así” y ha sido así porque se ha hecho así, no más. Resulta muy efectivo que el miedo cambie de bando, como esperan. Me gustaría participar en la próxima, el 4 de julio del año que viene, 365 días para seguir por esta propuesta de libertad con ritmo, palabras y alegría. Es la diferencia entre tararear en casa o en corrillos los comentarios habituales, o denunciar la injusticia y el conformismo en la calle, desde la tarima, en público, en voz alta, con timbales y timbaleras. Trescientos sesenta y cinco días.

Consuelo Allué

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