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La música de los móviles

Sí, me refiero al sonido que emiten esos aparatitos casiparatodo que en la última década se han adherido a nuestras vidas como si fuesen no nuestra sombra sino nuestro marcapasos, nuestro guardaespaldas, el cordón umbilical que nos une a la vida real. Hablo de las músicas de los teléfonos móviles, conocidos simplemente como móviles, y no porque se muevan ellos, más bien porque los movemos nosotros, incluso porque nos mueven a comprar uno nuevo con lo último, a correr a cogerlos, a correr a apagarlos cuando suenan en un mal momento, a correr a esconderlos si pasa cerca algún espía de la SGAE y tenemos una música de no identificada procedencia…

¿Nunca se han fijado en la música del móvil del compañero de al lado, del vecino del 6º A, del conserje, del profesor de Filosofía (por supuesto, los teléfonos móviles de los profes también suenan, incluso en clase) o de su médico de cabecera? Hay quien mantiene la música de Nokia, tíroriro-tíroriro-tírorirora, que, sorprendentemente, es el “Gran Vals” (compases 14-16) del maestro Francisco Tárrega . Porque a algunos no les importa no ser originales, ni el problema que surge cuando los móviles de diez metros cuadrados alrededor tienen el mismo sonido. Puede ser que lo miren, más o menos discretamente, “¿es el mío?”, “seguro que no es el mío”, “nunca sé si es el mío, mañana mismo cambio el politono”.

Hay otras personas que buscan politonos más originales. –Y hablando de originalidad, la palabra politono en sí es la mar de original, por ahora no está en el Drae (no sé qué utilizan los puristas en su lugar, ¿sintoníadeteléfonomóvil?; lo prometo, me informaré).- Un día esperando en un cajero automático, fui testigo de que alguien tenía el himno de España. (Y ¿por qué no? No tendrá dudas sobre si es el suyo.) También he oído el aurresku, el “Eusko gudari”, el himno del Barça… Sin complejos.

Aparte de esa identificación en cuanto a balones y patrias, se pueden elegir otros motivos, ya que sabemos que el sonido de nuestro móvil dice algo de nosotros, tanto si es muy común como si es muy escogido: Karina buscando en el baúl de los recuerdos o los Pitufos, mi canción preferida de la última temporada, una canción rara que nadie tenga para reconocer el mío siempre, una música que yo mismo he compuesto que para eso soy músico, la canción que más le gusta a mi última novia o la que más odia su madre, una buena interpretación de gregoriano o un arranque de rock duro. Incluso podemos renunciar a la música y colocar un Pepito Grillo que nos advierte: “Te están llamando”, “Que te llaman”, “Soy tu móvil, cógeme”, o el ring-ring clásico de los teléfonos antiguos de sobremesa negros con los que se podía cometer un asesinato.

Y ya puestos, ¿por qué no el de mi moto, que es lo que más me pone?, ¿por qué no una bocina de camión, de esas que hacen que los peatones crucen de un brinco los pasos de cebra?, ¿por qué no una sirena de ambulancia, la de una fábrica, la de un trasantlántico?, ¿y el dulce y acariciador ronroneo de un boeing despegando?

Consuelo Allué

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