Desafinan ellos

Viernes a las 20:00 en el Nuevo Casino de la Vieja Iruñea. Concierto de Cámara organizado por el Conservatorio Profesional Pablo Sarasate. Jóvenes músic@s que integran diversas agrupaciones, algunas poco habituales en el mundo de la música, con el mérito que esto supone: un cuarteto de violoncellos, por ejemplo. La amplia sala del casino (cuya fama llega lejos sobre todo por el baile de la alpargata) está llena. L@s intérpretes no esperaban tal éxito de público.

Comienza un trío de cello y flautas, y un señor mayor habla al fondo de la sala con unos jóvenes. Ni susurra ni murmullea ni se esfuerza lo más mínimo por hablar bajito. ¿Para qué? Considera prioritario lo que él dice frente al respeto a los demás y a las intérpretes. Otro señor (parece que tienen más necesidad de manifestarse ellos esta tarde) pulula, entra y sale, hace ruido con las puertas. Otro está mucho más pendiente de su cerveza que de las obras, y, cuando se la acaba, dice “No aguanto más”. Y se marcha. (Al menos nos podía haber ahorrado su zafio y desagradable casi-improperio.)

Prácticamente todo el público se queda hasta el final de este concierto de casi dos horas de música y músic@s. Y aplauden con ganas. L@s intérpretes comentan las sonoridades. El público intercambia opiniones: muy acertado el cuarteto de cellos, una sonoridad muy agradable, además de sorprendente; curiosas las flautas, qué variedad de obras; qué buenas la pianista y la del cello, qué estupenda sonata de Beethoven; qué bueno el trío, qué privilegio relajar el cuerpo y dejar vagar la mente en brazos de Haydn y Stamitz.

Al final del concierto algunas personas van hacia l@s músic@s. Uno dice: ¿Dónde están? Les voy a decir que han desafinado en… Otro también comenta algo sobre la afinación. Estos “Gran jefe oído absoluto” creen, al parecer, que con ese comentario quedan bien, que hacen creer que entienden de música. Ignoran, por lo visto, que la afinación en un elemento entre muchos otros: el carácter de las piezas según el autor y la época, la capacidad para tocar en grupo y estar pendiente de los otros instrumentos, mantener la calma a pesar de que las manos sudan y dan ganas de salir huyendo, dosificar las fuerzas para llegar al final de la obra con la misma fuerza y tanta concentración como al comienzo, no distraerse con los ruidos (previsibles o inesperados) del público, entregarse en cuerpo y alma para hacer música y conseguir transmitir y conmover al respetable…

Me pregunto muchas cosas ante el fácil comentario de la afinación. Estos que hacen esas observaciones, ¿con qué autoridad los hacen? ¿Han tocado alguna vez en público? ¿Han dejado de salir con sus amigos por quedarse en casa estudiando y estudiando, sufriendo, descorazonándose, haciendo esfuerzos por serenarse y mantener la calma? ¿Conocen el vértigo mezclado con angustia y desesperación que se siente cuando a uno le invade la idea de “no me va a salir” y se imagina en el escenario ante los leones?

Recuerdo a veces –y ahora- lo que me decían de pequeña. Si yo insistía en hacer algo, eso que a todos nos ha sucedido, y el adulto: No, que tú no sabes. Yo insistía: Que sí sabo. Y la frase final era siempre: Sí, a tocino rancio sabes tú. Pues eso, ya está claro lo de esos señores, ¿no? Porque realmente ellos que no son capaces de encontrar valores positivos, que no aprecian el esfuerzo de est@s jóvenes entregados al exigente mundo de la música, que contaminan con su ruido nuestro espacio, estos señores ignoran –entre otras muchas cosas- que desafinan ellos. Ellos, tocino rancio.

Consuelo Allué

Han comentado 2 personas
  1. Hola, Ali Enigena:
    Saludos. Algunos amigos músicos también están de acuerdo, aunque no se han decidido a escribir en el blog.
    No sé si serán las nuevas generaciones. Porque, por otra parte, no es cuestión ni de juventud ni de madurez, sino de inteligencia, sabiduría y sensibilidad.
    Será, probablemente, que algun@s creemos (y es cierto) que tenemos muchas cosas que aprender, y de las que disfrutar, y otr@s (viejos ell@s, al menos de ánimo) consideran que ya lo saben todo. Vivan (vivamos) los buen@s y alegres y positiv@s estudiantes!

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