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Con la música a otras partes

Habrá quien se entristezca y habrá quien se alegre, claro. Como con la lluvia, unos se mojan y otros venden paraguas. No obstante, estoy considerando muy seriamente emigrar a Australia. Me han dicho fuentes muy bien informadas que allí se puede incluso estudiar y trabajar al mismo tiempo. Lo que a mí me gusta. Además, seguro que en la gran Australia cada ciudadan@ paga sus trajes y escucha música legalmente. Y tienen de todo, desierto, animales perdidos en las curvas de la evolución de las especies, un auditorio envidiable en Sidney, tan lindo… Y ya está prohibido el canibalismo, no lo reivindican ni como acto de su cultura ni nada por el estilo.

Sé que echaré mucho de menos este nuestro país de pueblos, tan cantado. Seguro que me sorprenderé a mí misma tarareando, como Cecilia, “Mi querida España”, o como Unamuno, “Me duele España”, con Oskorri yo herida de herri-mina “Euskalherrian euskaraz”, y “Bizkaia maitea” con Lertxundi. Quizá incluso a vueltas con los carros y Manolo Escobar (robo que quedó impune seguro que por un jurado popular ).

Creo que es buena idea poner una granja. Y me explico, para que me entiendan los amigos weberos y las amigas weberas. Primero pensé poner una granja de canguros. Pero me pregunté: ¿a los canguros les gusta la música tanto como a mí?, ¿qué hago después con los canguros?, ¿animal de compañía?, ¿canguros amaestrados para hacer las tareas del hogar?, ¿canguros cuidaniñ@s, hay mejor cosa que que los canguros hagan de canguro? Así que he decidido que es mejor una granja de avestruces, para poner un negocio de huevos y plumas.

Con música, por supuesto. No hay vida sin música. Seré la embajadora de las músicas de este país de pueblos. Música ambiente en la granja casi todo el día. –Casi. Todo el día no, porque entonces perderíamos la conciencia del silencio, una de las mejores músicas.- Con el permiso de la SGAE, claro, y espero que no se atrevan a arriesgarse en los procelosos mares para controlar qué ponemos y qué no ponemos, si pirateamos o si somos corsarios, si la avestruces se bajan la música de aquí o de allá. Si en los huevos hay algo sospechoso, incluso.

Embajadora de todas las músicas de aquí, en todas las lenguas, cómo no en catalán, cómo no en gallego y en euskera, y variadas, desde el rock de l@s barrikad@s hasta los jóvenes compositores de “clásica” (como los Iruña’ko Taldea), pasando por Mikel Laboa. O sea que no importa si me voy o me vengo, como cantaba Aute en el memorable final de Casablanca (si mal no recuerdo), siempre nos quedará la música.

Consuelo Allué

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