Asociaciones musicales

No estoy pensando en grupos, ni en corales, ni en orquestas, ni en ong que tengan relaciones con la música. Estoy pensando, dejándome llevar por las ideas (porque son tozudas, y a veces es eso más fácil que hacerlas venir; lo de la montaña y Mahoma), en cómo relacionamos música y personas, épocas de nuestras vidas, lugares, momentos…, cómo se producen esas asociaciones mentales música-persona-suceso.

El pasado verano, casi por casualidad, porque un mensaje me llegó a tiempo (así que avisemos a nuestros amigos de los acontecimientos musicales que nos parecen interesantes) –sigo- acudí a Zabaldica, a un concierto que tuvo lugar en la pequeña iglesia románica. El concierto venía de la mano de Ana Alcaide y su belleza, su sugestiva música sefardí y sus instrumentos musicales que parecen traídos de Las mil y una noches. Acudí muy bien acompañada, con mis mosqueteras, y disfrutamos mucho. Fue un descubrimiento que compartí con las personas a las que más quiero. Compramos los dos cd que ofrecía y el dvd, y nos los firmó mientras charlábamos un poquito con ella.

Ayer estuvo Ana Alcaide en la Casa de Cultura de Burlada. Pensé ir, pero ya no era lo mismo. Porque la vida no marcha hacia atrás ni se detiene en el ayer. No obstante, ya conocemos su música, y seguirá acompañándonos en muchos momentos. La recomiendo.

Recordando estas cosas y otras, enhebrando sucesos, recuerdos y pensamientos, me he encontrado con una evidencia, compartida sin duda por toda la humanidad o casi casi, que no es ningún descubrimiento (soy consciente): que siempre hay músicas. –De hecho, en la vida pública casi siempre hay música, relacionada con todo tipo de actos: música solo música en los conciertos, música en las celebraciones religiosas, música en los actos públicos (por ejemplo, gaiteiros, fanfarres de txistularis, txarangas –con o sin pandereta-, etc.), música en las lecturas de poemas y presentaciones de libros (cosa que saca de quicio a mi director de tesis, Julio Neira), música en los programas de radio, música ambiente en los lugares de trabajo…

En mi infancia aparece mi abuelo tocando el piano en casa y el órgano en la iglesia, mis tíos dando volteretas con las guitarras puestas, usando una trompeta como despertador para llamar al desayuno, las niñas saltando a la comba y cantando cosas que generalmente no entendíamos. En la adolescencia, entre otra cosas, las canciones de amor y desamor que sonaban en la máquina de la sala de juegos que funcionaba con monedas y que se repetían incesantes, como los encuentros y desencuentros de los jóvenes. Ahora hay muchas canciones y algunos autores que relaciono con personas importantes para mí, algunas que escucho con agrado y otras que traen torrentes de imágenes que me dejan calada de melancolía…

Uno de mis últimos descubrimientos, de la mano de una joven inconformista de bellos ojos azules, ha sido el grupo La pegatina y su música de tealegralavida. Y creo (¿será que me hago mayor?) que me he quedado un poco estancada en algunos autores y algunos estilos. ¿Sugerencias?

Consuelo Allué

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  1. Así como Consuelo, víctima quizás de una leve pereza a causa de los -6ºC del viernes, no se animó a escuchar a Ana Alcaide y su grupo, yo no me lo pude perder. Así por encima, no seríamos más de 100 personas las que asistimos a su concierto en la Casa de Cultura de Burlada y puedo asegurar que nadie quedó defraudado. Ana acompañada por Bill Cooley, Jaime Muñoz, Rafa del Teso, Jorge Frías y Jesús Parra (espero no confundirme con los nombres) nos ofrecieron junto con las nuevas canciones de su último trabajo, La Cantiga del Fuego, canciones e instrumentales de sus trabajos anteriores. Un lujo poder escucharlos en una sala como la de Burlada que cuenta con una estupenda acústica. Tengo que decir que soy totalmente fan de su música y las 2 horas de concierto se pasaron casi sin pensar. Y al término del concierto los asistentes pudimos charlar con ella y de paso comprar un CD con su música. Por lo que pude ver, nadie se fue sin el suyo, no falla. Su música, centrada sobre todo en la tradición Sefardita tienen la cualidad de hacernos viajar en el tiempo, sonidos y ritmos de instrumentos que tan solo unos pocos músicos se han ocupado de mantener vivos. Músicos excepcionales a los que debemos agradecer la posibilidad de escucharlos, ella sabe además dotar a sus composiciones de una cualidad de modernidad que nos hechiza. Como le dije, espero volver a verlos pronto por aquí. Por cierto, fue curioso que un grupo de 4 catalanes que al parecer estaban en Tudela, se desplazaron hasta Pamplona para poder escucharla y según dijeron hacía un montón de tiempo que querían hacer. Eso son seguidores, ¡si señor!
    Por si sois curiosos aquí podeis escuchar algunas de las canciones de su nuevo trabajo La Cantiga del fuego (http://bit.ly/znepJK) ha publicado un CD con 3 canciones y dentro de muy poco saldrá el disco completo. Lo esperamos.

  2. Agradezco la oportunidad que me da Consuelo para entra en el blog por alusiones…
    Me encanta la música. Siempre que puedo la escucho mientras trabajo o cuando me apetece pasar un rato excelente. Pero porque me gusta y pienso que es un arte que tiene una extraordinaria importancia en nuestra vida individual y en la cultura colectiva de un pueblo, no me gusta verla en posición secundaria, como ilustradora de una manifestación artística diferente. No, no me gusta que haya “intermedios musicales” en lecturas literarias, ni en presentaciones de libros… a no ser que sean libros sobre esa música. La poesía, la literatura debe tener su propia música interior. La música de acompañamiento la oculta las más de las veces.
    Igual que a nadie se le ocurre programar una lectura de poemas o de relatos cortos en los intermedios de los conciertos (como si la música no fuese suficiente), tampoco me gusta que un grupo de cámara actúe en medio de una lectura literaria, a modo de ilustración.
    A no ser que sea un espectáculo concebido con carácter híbrido, en el que música y letras sean formantes de una sola obra de arte. Por ejemplo: nada “pinta” un cuarteto de Bach en medio de una lectura de poemas de, digamos Manuel Vilas. Pero es una maravilla escuchar la Antífona del Otoño en el Bierzo de Juan Carlos Mestre y Amancio Prada. O al mismo Mestre decir su poesía acompañada por la música de su acordeón. En estos casos la música y el texto forman una simbiosis artística. No son independientes que se unen para “hacer más bonito”.
    Reivindico el carácter autónomo de la poesía y de la música. Ninguna de las dos deben ser ancilares a la otra.

  3. Hola, Blanca:
    ¿Qué tal? No fue la pereza ni el miedo al frío. Sabes que ando por ahí con la bici a bajo cero y a 40º. Fueron los líos, esta vida que no se parece al ritmo de las acariciadores músicas de Ana Alcaide. No obstante, saber que venía me sirvió para recordar la estancia en Zabaldica, lo hechizador que fue aquel concierto.
    Gracias por el enlace. Es, como en los otros cd, un placer escuchar casi en cualquier momento a Ana Alcaide.

    Hola, Julio:
    Qué bien leerte por estas tierras norteñas! Sí, es muy interesante el contrapunto que señalas. Y la referencia a Mestre (de quien hay vídeos en youtube).Podemos empezar a hacer variaciones y mezclas de todo tipo. El mestizaje es lo que hace avanzar el arte, ¿no?

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