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Jóvenes valientes en el escenario del mundo: Maite León

Es 31 de octubre de 2012 y estamos en el auditorio “Fernando Remacha” del Conservatorio Superior de Música de Navarra, recién estrenado. En la gran sala todavía huele agradablemente a madera. A la entrada nos han ofrecido el programa, en el que se ve a Maite León, joven pianista de 18 años, vestida de negro y con unas partituras en la mano, apoyada en la pared, construyendo con su figura casi un signo de interrogación. Quizá se pregunta: ¿Saldrá bien el concierto? ¿Habrá más de dos docenas de personas? ¿Me acordaré de todas las obras o se me cruzarán los cables y mezclaré a Chopin con Rachmaninov? ¿El dolor de brazos que tengo estos últimos días de tanto tocar me dará una tregua y podré llegar hasta el final del programa o sufriré un ataque de contracturas agudas?

Yo he tenido la suerte de que me avisara del concierto y me invitase a asistir una violinista amiga de Maite León. Dan las siete y media de la tarde, y la solista aún no ha aparecido ante nosotr@s. El auditorio Fernando Remacha tiene capacidad para 400 personas. En el gran escenario de madera clara el piano de cola espera a Maite, que está aún en la salita de al lado, respirando profundo, buscando dentro de sí (y quizá en algún apoyo cercano) serenidad, y pidiendo a los Hados de l@s músic@s entusiastas que la memoria no le juegue ninguna mala pasada. Mientras esperamos, tenemos tiempo de comprobar que la sala está llena: pianistas, músicos de otros instrumentos, algún familiar y algún afortunad@ como yo que he decidido dedicar este rato al disfrute de un excelente concierto. Podemos leer el programa, comprometido sin duda y nada convencional: Haydn, Bach, Debussy, Rachmaninov, Remacha, Szymanowski, Chopin.

Tengo también tiempo de pensar en la valentía de esta joven, y, después, en la de tant@s y tant@s músic@s jóvenes que aceptan el reto de las actuaciones. Habitualmente, el común de los mortales huimos de los exámenes orales, de hablar y actuar en público, de dar la cara. Son preguntas (ruegos) habituales: ¿No podemos hacer la prueba escrita? ¿Y grabar un vídeo? ¿No podemos inventar algo para que no tenga que demostrar cuánto sé así, oralmente, no podemos cambiar el examen por un trabajo? ¿No se ha inventado aún nada para que desaparezcamos cuando nos paraliza el miedo ante exámenes y otras comparecencias?

Sin embargo, est@s jóvenes músic@s antes de cada actuación, después de superar la tentación de salir huyendo (Cenicienta sobre sus zapatos de tacón al sonar las doce, que deja de ser la espléndida concertista que puede ser y se torna en la pobre muchacha harapienta y miedosa que se esconde en la cocina), dejan a un lado su miedo y se colocan ante una de las cosas que más aman en el mundo, su instrumento, a convertir en música para todos las partituras. Son valientes. Mucho. Mucho más que los actuales recortadores, por ejemplo.

El concierto que ofreció Maite León (tan valiente como anuncia su apellido, su porte y su mirada) fue excelente. Gracias. Y que los Hados de l@s músic@s valientes la acompañen en su futuro. Amén.

Consuelo Allué

Esta entrada tiene 2 comentarios
  1. Muchísimas gracias de Corazón, Consuelo. Es de agradecer que vengan personas como tú a escuchar y a entender a los jóvenes y humildes músicos. Así se sobrellevan mejor los nervios..y aparecen las ganas de subir de nuevo a un escenario. Un abrazo

  2. Hola, Maite corazón de León:
    Cuando uno prepara un concierto, cuando alguien elige unas obras, las puede elegir cobarde y pragmáticamente, porque las puede interpretar con facilidad y quedando bien ante el público. Es una opción. Otra es tu opción -y de otr@s jóvenes estudiantes del Conser-: estudias las obras que te gustan, aunque sean muy difíciles, porque te van a hacer crecer como intérprete, porque son un reto, porque te llevan más allá, y te hacen conocerte mejor a ti misma. El piano te quiere a ti, no a los que cobardemente eligen lo fácil. Enhorabuena y cuídate.

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