Archivo de febrero de 2012

La música del Alzheimer.com

Martes, 28 de febrero de 2012

Hola, papi:

He pasado a las 5 de la tarde por el sicogeriátrico. A esta horas íbamos a sacarte de paseo, mamá (tu chica, tu compañera, ¿te acuerdas?) todos los días, y nosotros (los demás, hijos nietos y demás familiares –cuñao cura incluido-) los domingos y fiestas de guardar. ¿Te acuerdas?

He pasado a velocidad de bicicleta por casualidad a las 5 de la tarde. Y he recordado en un momento tantas cosas vividas que tú ibas olvidando poco a poco. Ir allá, recorrer aquellos pasillos azulejados, tan curiosos, tan bellos, pasarela al sol y protegida de viento y lluvia. Tantas músicas, tanto acompañamiento, en clave de sol y en claves de fa, en tono mayor y en menor, todo al mismo tiempo, en escalas pentatónicas y dodecafónicas. La melodía con acompañamiento de trémolo de vajillas del carro de las comidas como una orquesta rodante por aquel largo túnel que conecta pabellones. Los pasos como de percusión variada de los internos, unos arrastrando más los pies, otros con sus estertores acompasados, otros con sus inacabables soliloquios. Los saludos de ida y vuelta de los familiares –qué tal, por aquí claro, hoy un poco mejor, se le ve bien, aquí seguimos- teñidos de una extraña alegría melancólica.

Era recorrer el pasillo con pasamanos a los lados por si los internos. Llegar hasta “Pabellón Itzuli” y llamar al timbre. Subir en el ascensor-montacargas-montapersonas con sus melodías crujientes y ver dónde estabas. Al principio paseando por los pasillos, luego ya en la silla de ruedas. Y tus compas, esos idos que sabían de ti, que sabían que éramos tu familia, nos decían con sus pronunciaciones desdentadas: Está ahí, sí. Era montarte en la silla de salir de paseo, ponerte los abrigos, la manta por las piernas, el gorro, todo todito todo. Y arreando con la silla a buscar el sol y el fresco, para ahuyentar los microbios y las bacterias, buscar vitaminas, quitar las telarañas del olvido.

Hoy, pasando por allí a velocidad de bicicleta, han sonado en mí todas esas músicas a la vez, como si cada árbol y cada banco del recorrido pusieran su propia canción: aquí las nietas decían esto, aquí se caía la manta, aquí era la merienda, aquí sacábamos el pañuelito para limpiarte bien, aquí te cogía de la mano la tía, aquí… Todas las músicas a la vez.

Parece mentira, las leyes de la física y las matemáticas probablemente escapan a las leyes de la música del Alzheimer: un ancla tan grande con tan desvalido cuerpo sobre silla de ruedas, una referencia en este maremágnum de desconcierto, la memoria de las grandes ideas y los grandes valores sembrada en nosotros por quien iba perdiendo la memoria, como Pulgarcito sus migas para regresar al hogar… Entre el bramido de las tormentas de hoy mismo suena la música de tu Alzheimer para que no perdamos el rumbo ni el compás.

Consuelo Allué

Con micrófono y sin micrófono

Sábado, 25 de febrero de 2012

Se acerca la primavera, he leído por ahí, en el hemisferio norte. A pesar de las heladas y a pesar de los helados (tantos seres humanos helados o congelados por la inmisericordia de mercados y agencias y sobre todo de los que mueven sus hilos, que son de carne y hueso y mortales como todos, no lo olvidemos). Dan ganas de coger un micrófono y recorrer las calles despacio para compartir (así dicen terapeutas y allegados) con l@s viandantes que la primavera llega y que el arte sigue existiendo (y no el arte que adormece, ese de pan y circo, sino el arte que sacude y perdura).

Ayer, un rato libre del que disfruté con la excelente compañía de dos jóvenes insobornables, pensaba en micrófonos. Primero, porque hoy en día como a lo largo de toda la Historia, se habla mucho, se opina mucho, pero solo algunas personas son valientes para no rehuir un micrófono o una ocasión de expresar en público quejas, divergencias e incluso acusaciones. Por ejemplo, hace falta ser valiente cuando uno va a recoger un premio y le dice al gobernante (llamémoslo así) que se lo da: Sí, y aprovechando la coyuntura, desde el respeto, quería preguntarle si no cree desproporcionada la actuación de la policía… (Desde aquí, aplausos al valiente.)

Otro ejemplo de micrófonos bravos, y también va con aplausos. Creo que en la entrega de los Goya actores, actrices y director@s fueron audaces, porque allí, ante el mundo, con el micrófono en la mano, no perdieron ocasión de criticar los recortes ni los intentos de censura de algun-os partido-s a la rtv pública, ni de denunciar que muchas veces triunfa la legalidad sobre la justicia (está claro, ¿no?; para eso hacen las leyes los que las hacen).

Y, con los micrófonos valientes de estos días, me encontré pensando en otros, las canciones, ese gran altavoz, ya sea para remover conciencias y espabilar o para cantar al conformismo y adormecer. Porque no es lo mismo que un cantante famos@ aproveche el micrófono para hablar de sus últimos altibajos amorosos, que para decir “no a la guerra” o “no nos moverán” (sin duda, porque nos moveremos nosotr@s hacia donde queramos).

Y de ahí empecé a pensar que “dime qué canciones te gustan y te diré cómo eres”, que viendo la discoteca de una persona podemos saber algo (bastante, quizá demasiado) de ella, que las músicas del mundo nos llevan de la mano a pueblos, sensaciones, ritmos, armonías, instrumentos, sonoridades, que qué bien que se inventaran los discos y los micrófonos… Y que está claro, no nos pararán. ¿No es verdad, ángel de amor?

Consuelo Allué

¿Dormir con música?

Viernes, 17 de febrero de 2012

Hace pocos días, un amigo me dijo que tenía dificultades para conciliar el sueño (quizá no solo el sueño, pero no voy a ser malvada ni aquí ni ahora). Le dejé tres cd (no sé si alguno de ellos era pirateado ). Y le sirvió, se puso música y se durmió como un angelito (según me contó al día siguiente, no soy testigo presencial). –Veo que llevo ya tres paréntesis, no sé si es indicio de algo.- Debe ser, esto de emplear la música como remedio contra el mal sueño, tendencia arraigada en mí: cuando nuestras hijas eran pequeñas hice una estupenda colección de “música para dormir”, esa considerada de bebés, de relajación, de la naturaleza (el mar, el bosque, la noche)… Casi como precursora de las tendencias chill-out.

Hay muchas formas de dormir, claro. Incluso en el idioma se han ido acumulando denominaciones típicas (que ya casi solo conocemos l@s jóvenes carrozas): dormir a pierna suelta, dormirse en el palo de una escoba, dormir como las marmotas, dormir como un ceporro o como un trompo… Por otra parte, también podemos dormirnos en los laureles, hacernos los dormidos, dormir hasta a las piedras o dormir la mona. No obstante, a veces conviene no dormirse y tomar decisiones, porque camarón que se duerme la corriente se lo lleva -añadiría mi padre-. Y, como decía Bécquer, hasta las notas pueden dormir en las cuerdas del arpa, aquella cubierta de polvo y de su dueño tal vez olvidada.

Dormir dormir. ¿Qué opinarían compsitor@s e intérpretes si supieran que nos ayudamos de su música para dormir? A este respecto, una vez oí a Luis De Pablo responder airado -digamos- cuando le preguntaron: ¿Qué opina de la música que se emplea como música de fondo? No le gusta la idea. Dijo más o menos: A nadie se le ocurre trabajar de fondo, ni comer de fondo, ni leer de fondo, ni hacer el amor de fondo [de que esto último lo dijo así me acuerdo bien]; ¿por qué entonces se emplea la música como elemento secundario o terciario?, ¿creemos que podemos captar todos los matices de una obra, todos los elementos de una obra si estamos concentrados en otra tarea y la música es un relleno ambiental?, ¿acaso creemos que los músicos componen sus obras para que no les hagan apenas caso?

No, claro que no. Lo mejor, sin duda, es escuchar exclusivamente las obras musicales, sin hacer nada más. Y si se puede ver la interpretación (por ejemplo en un concierto, donde somos conscientes de cuándo entra cada instrumento, dónde hay determinados solistas, de qué manera se interpreta, si en pizzicato o cómo, etc.), fantástico para entenderla y saborearla. Tiene toda la razón Luis de Pablo.

Y, no obstante, ¿tan mal está, para los pobres mortales de sueño difícil, acompañarse de una buena música, cercana, relajante, compasiva, que ayude a conciliar la cama y la vigilia? ¿Qué opinan? ¿Dormir con música? ¿Dormir con músicos? ¿Cómo duermen ustedes? ¿Recomendaciones?

Consuelo Allué

Música y manipulación

Sábado, 11 de febrero de 2012

Manipulador de alimentos. Siempre me sonó raro. Se supone que tener el título de manipulador de alimentos es una garantía (para el consumidor), además de una necesidad (para el manipulador). Pero ¿qué hacen con los alimentos, además de cortar, lavar, llevar, traer, colocar, recolocar, envolver? –Quizá prefiero no saberlo.-

¿Y manipulador de música? ¿Qué sería un manipulador de música? Quien interpreta, versiona, adapta, graba, copia, distribuye, produce… O el disjokey que mezcla y remezcla, el empresario musical, quien trabaja en la radio…

También podrían serlo quienes utilizan la música para conseguir un provecho o fin concreto, aparte del disfrute en sí, más allá del arte por el arte. Por ejemplo, aquellos amantes de hace siglos que enviaban músicos para rondar a su dama. O los que hace unas décadas pedían a las radios una canción dedicada a alguien (que podía ser una invitación a la danza o un puñetazo invisible por un sentimiento no atendido o burlado). O quienes en el baile público de la plaza pedían a los músicos una canción lenta para sacar a su chica.

Silvio Rodríguez canta estupendamente lo que quiero transmitir en una de sus clásicas. “Te quiero mi amor, no me dejes solo […]. Como ven ya soy decente, me fue fácil […] Debo partirme en dos…”.

¿Cuánto manipulan al público (o sea, a tod@s nosotr@s) quienes deciden qué se escucha en las emisoras de radio o eligen las actuaciones musicales de las televisiones, quienes determinan qué música es buena y qué otra mala, cuál nos lleva al cielo y cuál nos arrastra al infierno, cuál es patriótica y cuál terrorista, cuál culta y cuál vulgar? Chomsky, el hombre alerta, habla de manipulación mediática.

Y no es que quiera ceder a la paranoia de ver fantasmas (que no los hay) por todas partes. -Sí que hay grupos de poder que manejan todo lo manejable para mantener y aumentar ese poder, claro.- No me parece sensato ni que nos desvivamos ni que malvivamos dejándonos embargar por estas cosas. Por supuesto que hay que disfrutar de la música.

Yo había empezado con una cuestión lingüística, entre la música y la manipulación, y me hallo no sé cómo con que Camps y Garzón se adelantan a primera línea de mi pensamiento, y el juez de Urdangarín y que si lo quito o lo pongo, y la crisis, la subida del irpf porque los políticos gastan más de lo que deben y no se sonrojan de meter la mano en nuestro sueldo como el desalmado que roba la hucha de un niño… Y mi granja en Australia y mis avestruces, también muy presentes en mis pensamientos. ¿Me iré?

Consuelo Allué

Asociaciones musicales

Sábado, 4 de febrero de 2012

No estoy pensando en grupos, ni en corales, ni en orquestas, ni en ong que tengan relaciones con la música. Estoy pensando, dejándome llevar por las ideas (porque son tozudas, y a veces es eso más fácil que hacerlas venir; lo de la montaña y Mahoma), en cómo relacionamos música y personas, épocas de nuestras vidas, lugares, momentos…, cómo se producen esas asociaciones mentales música-persona-suceso.

El pasado verano, casi por casualidad, porque un mensaje me llegó a tiempo (así que avisemos a nuestros amigos de los acontecimientos musicales que nos parecen interesantes) –sigo- acudí a Zabaldica, a un concierto que tuvo lugar en la pequeña iglesia románica. El concierto venía de la mano de Ana Alcaide y su belleza, su sugestiva música sefardí y sus instrumentos musicales que parecen traídos de Las mil y una noches. Acudí muy bien acompañada, con mis mosqueteras, y disfrutamos mucho. Fue un descubrimiento que compartí con las personas a las que más quiero. Compramos los dos cd que ofrecía y el dvd, y nos los firmó mientras charlábamos un poquito con ella.

Ayer estuvo Ana Alcaide en la Casa de Cultura de Burlada. Pensé ir, pero ya no era lo mismo. Porque la vida no marcha hacia atrás ni se detiene en el ayer. No obstante, ya conocemos su música, y seguirá acompañándonos en muchos momentos. La recomiendo.

Recordando estas cosas y otras, enhebrando sucesos, recuerdos y pensamientos, me he encontrado con una evidencia, compartida sin duda por toda la humanidad o casi casi, que no es ningún descubrimiento (soy consciente): que siempre hay músicas. –De hecho, en la vida pública casi siempre hay música, relacionada con todo tipo de actos: música solo música en los conciertos, música en las celebraciones religiosas, música en los actos públicos (por ejemplo, gaiteiros, fanfarres de txistularis, txarangas –con o sin pandereta-, etc.), música en las lecturas de poemas y presentaciones de libros (cosa que saca de quicio a mi director de tesis, Julio Neira), música en los programas de radio, música ambiente en los lugares de trabajo…

En mi infancia aparece mi abuelo tocando el piano en casa y el órgano en la iglesia, mis tíos dando volteretas con las guitarras puestas, usando una trompeta como despertador para llamar al desayuno, las niñas saltando a la comba y cantando cosas que generalmente no entendíamos. En la adolescencia, entre otra cosas, las canciones de amor y desamor que sonaban en la máquina de la sala de juegos que funcionaba con monedas y que se repetían incesantes, como los encuentros y desencuentros de los jóvenes. Ahora hay muchas canciones y algunos autores que relaciono con personas importantes para mí, algunas que escucho con agrado y otras que traen torrentes de imágenes que me dejan calada de melancolía…

Uno de mis últimos descubrimientos, de la mano de una joven inconformista de bellos ojos azules, ha sido el grupo La pegatina y su música de tealegralavida. Y creo (¿será que me hago mayor?) que me he quedado un poco estancada en algunos autores y algunos estilos. ¿Sugerencias?

Consuelo Allué